El legado que no desaparece: maternidad entre generaciones
Comentaba con mi madre el otro día lo mucho que le sorprende ver como muchas cuestiones que en su maternidad, y la sus amigas simplemente “tocaba pasar” y se asumían como normales, hoy son el principal motivo de consulta de muchas de mis pacientes.
Le sorprendía. Y a mí, me sorprendía que le sorprendiera.
Nos planteábamos ciertas preguntas incómodas y que inevitablemente creo que llevan a enfrentar, en muchos casos a dos generaciones;
- ¿No existía la depresión posparto antes?
- ¿Somos ahora las madres más débiles?
- ¿Está maternando la generación de cristal?
Hablando juntas yo me quedé con la sensación de que no somos dos generaciones tan diferentes, pero si vivimos en momentos muy distintos…
Además me quedé, sobre todo, con una reflexión que me gustaría compartiros.
Me comentaba mi madre que ella hablaba con sus amigas sobre el hecho de que hay abuelos y abuelas que se acercan a sus nietos con cierto reparo o miedo a fallar y que esto generaba conflicto con sus hijos, hijas o nueras, yernos.
Cierto enfado por tener que seguir todo el “manual de instrucciones” de sus hijos hacia sus nietos. Como si todo aquello que les funcionó para educar y criar en su día, hoy estuviera tan desfasado que pudiera llegar a ser perjudicial.
Seguro que te suenan frases como:
“Yo te crie a ti y no has salido tan mal”
“He criado a mis hijos, claro que puedo cuidar a mi nieto”
“Estas cosas de ahora…”
“Esto son modas…”
Claro que nos educaron, nos dieron de comer y nos compraron todos nuestros zapatos, aun sin ser respetuosos, como los llamamos ahora. Sin embargo, muchas veces parece que eso ya no es suficiente, como si la experiencia anterior hubiera perdido valor.
Con todo esto, me pregunto cómo se sentirán estas abuelas;
¿Quizá algo juzgadas o perdidas como abuelas y algo cuestionadas como madres?
Entiendo su extrañeza … realmente criaron a sus hijos y hoy les estamos modificando todo aquello en lo que ellas creyeron.
Pienso como sería para mi que dentro de 30 años mi hija Lucía me dijera que eso de porteo es malísimo para mis nietos, siendo que ella de sus dos meses de vida creo que lleva uno metida en una mochila…
Hoy siento la necesidad de tender un puente entre estas dos generaciones. Porque nos necesitamos. Y ellos, nuestros hijos lo necesitan aún más.
Me paro a pensar qué es lo que nos separa…y, aunque hay muchos factores, hay algo claro: en algunas familias, este vínculo no se está viviendo en paz.
Me da la sensación de que abuelas y madres se sienten cuestionadas y no valoradas, y esto, duele, sobre todo, cuando ellas lo hicieron lo mejor que pudieron con lo que sabían y nosotras, ahora, más de lo mismo.
Y qué hacemos cuando nos sentimos cuestionadas en aquello que más nos importa; defendernos. ¿Y si tratamos de entendernos?
Con mi madre hablábamos de tener que haber pasado por ciertas cosas que hoy no nos plantemos. Recordemos, por ejemplo, que cuando yo nací, en 1993, los padres tenían 2 días de baja. Tras esos 2 días ellas se quedaban solas, en el caso mi madre con 3 niños y un posparto.
Y es verdad: muchas cosas han cambiado en los últimos 30 años.
Pero nos vuelve a surgir esa pregunta ¿eran las mujeres de antes más fuerte? ¿Somos ahora muy “blandas”? Por supuesto que no.
- Venimos, en muchos casos, de una generación de mujeres profundamente marcadas por el sacrificio.
Por llegar a todo.
Por la exigencia.
Por estar siempre.
Por la culpa….
Mujeres que, sacaban su casa adelante, porque lo vieron en su casa, en nuestras abuelas, pero también empezaban a trabajar fuera de ella, en muchos casos, con un marido y padre que no estaba del todo implicado en la crianza o en las labores.
Lo hicieron y nos sacaron adelante, pero ¿no habría que haberlas cuidado más? Desde mi casa, con mi bebé recién nacida, cansada , mi marido implicado y con bastante más baja , solo puedo pensar en lo agotadas que tenían que estar y lo poquito que se podían quejar…
Ese legado intergeneracional no desaparece de un día para otro. Esos mandatos, creencias y sacrificio, sigue en nosotras.
La sociedad ha cambiado.
El papel de la mujer ha cambiado.
La implicación del hombre también.
Pero lo que heredamos… ese legado, toda esa exigencia, no desaparecen tan rápido.
Cuando hablo con mujeres de mi generación, muchas veces siento que estamos entre dos aguas. Por un lado, un mundo nuevo que quiere ser más consciente, más respetuoso con la infancia, capaz de aplicar todos los avances en millones de campos distintos en el di a día, y que va muy muy muy rápido.
Y por otro, esa voz pasada que sigue susurrando:
- Cómo debería ser una “buena madre”,
- Cómo deberíamos sentir,
- Cómo deberíamos hacerlo todo
- Cómo se hizo en su día y cómo a ellas les funcionó.
Ese legado es invisible, pero no por ello menos pesado. Una voz en la que la culpa sigue siendo la gran protagonista. (Aún no he conocido a una madre que no la reconozca). Y en medio de todo esto, estamos aprendiendo: Probando, dudando, informándonos, muchas veces hasta ahogarnos. Sintiendo que, hagas lo que hagas, siempre hay juicio.
Y desde ahí nace esta reflexión.
No para señalar.
No para decir quién lo hace mejor.
Sino para unir.
Y aquí os dejo alguna pregunta;
- ¿Por qué hacerlo diferente tiene que ser hacerlo peor?
- ¿Por qué, cuando hablamos de maternidad, la diferencia nos separa en lugar de enriquecernos?
- En cuestiones de maternidad ¿Por qué creemos que tiene que servirnos a todas la mismo?
Yo, personalmente, tengo la suerte de ver cómo dos abuelas pueden nutrir profundamente a una niña. Crear su espacio, sus juegos, su relación. Su yaya y su yeyé .
Y entonces lo veo claro:
Permitir, fomentar y cuidar el vínculo entre nuestros hijos y sus abuelos en los casos en los que sea posible, no es solo algo bonito, es algo necesario. Es regar sus raíces. Es regalarles un vínculo.
Porque los niños necesitan amor y necesitan pertenecer. Cuanta más pertenencia sientan, cuantas más raíces tengan —cuidadas y nutridas—más fuertes crecerán. Y, sobre todo, más lugares tienen a los que volver.
Quizá sea un buen momento para mirar hacia atrás y a nosotras mismas con un poco más de ternura para reconocer a esas madres que lo hicieron como supieron, con lo que tenían. Sin toda la información, pero con toda la entrega.
También así permitirnos nosotras, hacerlo diferente… sin necesidad de hacerlo en contra.
Al fin y al cabo ,no somos generaciones enfrentadas, somos parte de la misma historia y, nuestros hijos, son el punto donde nos encontrados
Ojalá esto pueda servir de reflexión, a las abuelas para comprender y validar a sus hijas como madres y a las hijas, para comprender y validar a sus madres, como madres y abuelas.
Entendamos que hacerlo diferente no es cuestionar lo anterior, es avanzar, es buscar la manera propia de hacer las cosas y empezar a plantearnos que puede hacerse diferente desde el reconocimiento a lo anterior. Al final, todas estando en lo mismo, intentando ser las mejores madres para nuestros hijos.
Es posible que todo esto de lo que esté hablando, lo entiendas a un nivel racional pero que en la práctica no puedas flexibilizar o relacionarte con tranquilidad con tus padres. Esto también es normal. Es otra mochila que también llevamos, que es la de nuestra historia, y nuestros hijos la despiertan, otro día hablaremos de ella. De momento, ojalá os sirva esta reflexión para poder plantearos diferentes cuestiones sobre cómo queréis que se la relación de vuestros hijos con padres y suegros y la vuestra propia. Espero que os sirva.
¡Hasta pronto!
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